El miércoles, el cielo tenía un aspecto blanquecino con tonalidades rojizas. Nos estaba entrando una masa de aire del norte de África que transportaba polvo en suspensión. La sensación era opresiva y, a pesar de registrar temperaturas en el área de Barcelona que no soprepasaban los 30°, la humedad superior al 60% proporcionaba una desagradable sensación de bochorno.
Pero ayer sucedió algo que ocurre con poca frecuencia: a media mañana, el cielo volvió a mostrar un aspecto azul, lo que significaba la retirada del polvo sahariano en altura, pero en superficie empezó a soplar un racheado viento de poniente seco y abrasador. A las 12.45 horas, nuestro observatorio de la plaza de Molina registraba 23% de humedad y 34,7°, un valor que no alcanzábamos desde el 13 de agosto de 2003 (36,8°),
Son las dos de la tarde y el viento de poniente no cesa, la temperatura alcanza los 35,6°. El cielo azul se está tiñendo de unas fajas amarillentas. No se trata de polvo en suspensión, sino del humo de incendios forestales provocados por el hombre y que las condiciones meteorológicas extremas se encargan de propagar.
Ayer, las comarcas del Maresme, Barcelonès y Baix Llobregat, acostumbradas al regulador térmico natural que significa la brisa marina, supieron lo que es el calor del interior de Andalucía. El Masnou, Premià de Mar, Canet, L’Hospitalet, Sant Boi registraron máximas de 36° a 38°, algo muy poco frecuente. Son las 17.30 y ya se ha producido la máxima en la plaza de Molina: 36,4°, a las 15.42. Un viento húmedo de levante está empezando a provocar un descenso térmico en muchas zonas de la Costa Brava y Maresme. Por fortuna, la burbuja cálida se retira este fin de semana.
fuente/elperiodico.com/